sábado, 26 de noviembre de 2016

EL REAL JARDÍN BOTÁNICO DE MADRID

El 17 de octubre de 1755, Fernando VI ordenó la creación del Real Jardín Botánico de Madrid, como una institución nueva de tintes reformadores, vinculada a la enseñanza de una disciplina eminentemente práctica: La Botánica. Su gestación debe contemplarse dentro de la política borbónica, preocupada por la creación en nuestro país de establecimientos técnicos y científicos al modo de la Europa ilustrada. Su primera ubicación fue el Soto de Migas Calientes, en las inmediaciones de lo que hoy se denomina Puerta de Hierro, a orillas del río Manzanares. Contaba con más de 2000 plantas, recogidas por José Quer, botánico y cirujano, en sus numerosos viajes por la Península u obtenidas por intercambio con otros jardines botánicos europeos.





Real Jardín Botánico
Grabado con varias plantas dibujadas por los botánicos en alguna de las expediciones científicas realizadas y patrocinadas por el Jardín.





A partir de 1774, Carlos III dio instrucciones para su traslado al actual emplazamiento del Paseo del Prado, formando parte del entramado científico creado en el nuevo eje madrileño de la ciencia, donde se inaugura en 1781.
La entrada al Real Jardín se realiza por la “Puerta de Murillo” , que se abre a la plaza de igual nombre inaugurada en septiembre de 1789



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F.D.Marqués. "La Puerta del Jardín Botánico desde el Museo del Prado".en la Puerta de Murillo. 1870. (Museo de Historia)



Real Jardín Bótanico de Madrid.
1. Estatua de José Quer 2. Estatua de Simón de Rojas Clemente 3. Estatua de Mariano Lagasca 4. Estatua de Antonio José Cavanilles 5. Monumento a Blas de Lázaro 7. Colección de plantas suculentas 8. Glorieta de la Noria 9. Estanque 10. Estatua de Carlos Linneo 11. Jardinillo 12. Emparrado de hierro forjado de 1786 13. Estatua de Carlos II





La historia del Jardín Botánico es la historia de un fracaso, tal vez el más importante de toda la carrera de Francesco Sabatini, a quien en 1774 le fue encomendada su construcción, para años después tener que abandonar, ante las fuertes críticas recibidas.





El arquitecto italiano había ideado un espacio puramente ornamental, articulado a partir de un complicado trazado geométrico, claramente barroco, que no atendía a las necesidades expuestas por los botánicos para la clasificación de las especies vegetalesTampoco gustaba el sistema de riego planteado, basado en el incómodo método de transportar el agua en carros, que Villanueva sustituyó por una eficaz red de acequias de inspiración hispano-árabe, gracias a las cuales el riego llegaba a todos los planteles del jardín.





Litografía de la puerta. Fuente: 'Bosquejo histórico y estadístico del Jardín Botánico de Madrid', de Miguel Colmeiro (1875).

Pero también es la historia de un éxito, el de Juan de Villanueva, que en 1778 hizo el diseño definitivo, con los magníficos resultados que podemos admirar en la actualidad, máxima expresión del pensamiento ilustrado de la época y del exquisito gusto neoclásico del autor.






La Puerta Norte consta de tres partes. En el centro se abre un vano adintelado, dividido en tres por dos columnas de orden toscano, que se reserva para el paso. A los lados se sitúan dos pequeños estancias, iluminadas por arcos de medio punto, donde estaban los centinelas. El arranque de los arcos aparece remarcado por una línea de imposta, que algunos investigadores no atribuyen a Villanueva. 



Flora Huayaquilensis, de la expedición botánica de Juan Tafalla 1799-1808, Audiencia Real de Quito.
El Jardín recibió durante esta época dibujos, semillas, frutos, maderas, plantas vivas y principalmente pliegos de herbario, que contribuyeron a acrecentar sus colecciones científicas y biblioteca.





Los primeros proyectos de instalación fueron diseñados por el arquitecto real Francisco Sabatini, a él se debe la traza del perímetro hexagonal, se construyeron las tres terrazas escalonadas para salvar el desnivel entre los límites del Buen Retiro y el futuro Paseo del Prado, se ordenaron las plantas según el método de Linneo, y se construyo también la verja que rodea el Jardín, en particular la “Puerta del Rey”, que se abre hacia el Paseo.


 

Puerta del Rey cerrada al público, pero muy vistosa desde el Paseo del Prado.Su uso esta reservado a la Casa Real.





En la zona este se erigió un pabellón de invernáculos llamado Pabellón Villanueva, obra singular dirigida por el arquitecto real, en cuya construcción pesaron más los criterios estéticos que los científicos, por lo que desde principios del siglo XIX se destinó a acoger la biblioteca, herbarios y las aulas necesarias para las cátedras de botánica y de agricultura.








 Estatua de Carlos III
En el mismo centro de la terraza intermedia, la de las “Escuelas Botánicas”, presidiendo toda la composición del Real Jardín, se levanto, en 1981, con motivo del bicentenario de la inauguración, una estatua de bronce de Carlos III, ocupando así el lugar que le había estado reservado desde la fundación misma del Real Establecimiento.





Del S.XIX data el estanque central y el busto de Carlos Linneo que lo preside
 


LAS EXPEDICIONES CIENTÍFICAS
 
El siglo XVIII se conoció como el Siglo de las Luces y fue crucial en el desarrollo de la ciencia moderna. España era un imperio que dominaba grandes extensiones de territorio en el continente americano y fueron numerosas las expediciones científicas que se enviaron a dominios coloniales compuestas por marinos, médicos, boticarios, naturalistas e ingenieros militares apoyados por dibujantes y pintores quienes se encargaron de representar los ejemplares exóticos y trazar mapas de los territorios explorados.



Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada

El Jardín se convirtió en el receptor de los envíos de las expediciones científicas que auspició la Corona en este período. Entre el siglo XVIII y XIX participó en el desarrollo de al menos cinco expediciones científicas,


Entre ellas destacan la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (actual Colombia) cuyo director fue el célebre José Celestino Mutis
está compuesta por más de 7.600 dibujos botánicos, realizados entre 1783 y 1816 por el científico José Celestino Mutis y su equipo en la actual República de Colombia. Estas ilustraciones constituyen una de las producciones de iconografía botánica americana del siglo XVIII más importantes que existen.







Grabados con plantas recogidas en las Expediciónes
Una de ellas fué alrededor del Mundo, de Alejandro Malaspina con los botánicos Antonio Pineda, Luis Née y Tadeo Haenke.




 Las corbetas:
 Los propósitos de la expedición serían los siguientes: incrementar el conocimiento sobre ciencias naturales (botánica, zoología, geología), realizar observaciones astronómicas y «construir cartas hidrográficas para las regiones más remotas de América». El proyecto recibió la aprobación de Carlos III, dos meses exactos antes de su muerte. La expedición, que contaba con las corbetas Atrevida y Descubierta, zarpó de Cádiz el 30 de julio de 1789

(1789-1794): Fue la más ambiciosa de todas las expediciones científicas de la corona española en el siglo XVIII, planteada como una expedición político-científica alrededor del mundo.Siguiendo la costa de la Patagonia se dirigieron a las Malvinas para cruzar después el cabo de Hornos, recorriendo toda la costa del Pacifico hasta Alaska, desde allí a Filipinas y posteriormente a Nueva Zelanda y Australia para luego volver de nuevo a América.

La Real Expedición Botánica a Nueva España (actual México), de los botánicos Martín Sessé y José Mariano Mociño, para continuar los estudios sobre plantas medicinales de Nueva España y todo lo relacionado con su historia natural


 Territorios de la Nueva España



Material empleado por los exploradores del S.XVIII
En la expedición participaron un grupo de botánicos de España elegidos por Gómez Ortega entre los que se incluyen: Vicente Cervantes, uno de sus discípulos que fue nombrado catedrático de Botánica en México; Juan Diego del Castillo, botánico agregado que fue comisionado del Real Jardín desde 1785 en Puerto Rico, José Longinos Martínez, agregado naturalista que fue alumno de Cervantes en el Real Jardín de Madrid; y Jaime Senseve, incluido como profesor farmacéutico.





Otra vista del Botánico.





FONTÍN
Terraza de los Cuadros:
En esta se presentan las colecciones de plantas ornamentales, medicinales, aromáticas, endémicas y de huerta reunidas alrededor de los fontines. En el extremo sur del paseo central se encuentra la rocalla.




EL INVERNADERO




El edificio de investigación, con entrada propia desde la calle Claudio Moyano, fue construido en la década de los sesenta, del pasado siglo, siendo de los años noventa el actual invernadero de exhibición. El Real Jardín goza de la calificación de artístico desde el mes de octubre de 1942.





Invernadero zona donde se pueden ver unos cactus en forma de piedra que les sirve para camuflarse de los animales y no ser comidas, entre otros muchos cactus





Junto a él se sitúa el moderno “invernadero de exhibición”, concluido en 1993; en donde se recrean tres ambientes: tropical húmedo, subtropical y tropical seco, permitiendo así reconstruir el hábitat adecuado para plantas de procedencia africana, asiática y, especialmente, sudamericanas, de las que el Real Jardín tiene una magnifica colección





El Real Jardín cuenta con cuatro invernaderos; uno, anejo al edificio de investigación, construido en 1987, queda destinado a los fines propios del edificio; los otros tres se sitúan en el lado norte. El más antiguo, “la estufa de las palmas”, fue construido en 1852 y muestra una colección de plantas tropicales.





Invernadero zona: de plantas tropicales



COLECCIÓN DE BONSAIS





 Bonsai en invierno



 
Bonsai arce del ex-Presidente Felipe Gonzalez




Bonsai estilo Kabudachi multiple tronco de acebuche




Bonsai estilo Moyogi vertical formal de majuelo navarro





Bonsai en plena floración




Bonsai estilo Ishizuki enraizado en roca varias especies








En la década de 1880 a 1890, el Jardín sufre importantes pérdidas. En 1882 se segregan dos hectáreas para construir el edificio que actualmente ocupa el Ministerio de Agricultura, con lo que su superficie queda reducida a las ocho hectáreas actuales. En 1886, un ciclón derribó en su recinto 564 árboles de gran valor.
A mediados del siglo XIX, bajo la dirección de Mariano de la Paz Graells (1809-1898), se modificó el nivel superior del Jardín, el “Plano de la Flor”, alterándose su trazado, hasta entonces organizado en cuadros, como el resto del Real Jardín




La terraza superior, el “Plano de la Flor, queda separado de las inferiores por una baja barandilla de hierro; se marca así una separación entre los planos didácticos - los de los plano inferiores- y éste, dedicado al paseo y al disfrute estético.




Terraza del Plano de la Flor: Esta parte del Jardín ofrece una variada representación de árboles y arbustos, distribuidos en figuras rodeadas por setos de durillo. Durante su reconstrucción en el siglo XIX, se construyeron el estanque y busto de Linneo, y al extremo norte, el invernadero llamado de las palmas.





La instalación, en el paseo alto, de las cuatro estatuas en las que se representan a los botánicos José Quer (1695-1764), Simón de Rojas Clemente (1777-1827), Mariano Lagasca (1776-1839) y Antonio José Cabanilles (1745-1804), todos ellos vinculados a la historia de este establecimiento científico

 

Otra de las estatuas de los botánicos que atendieron el jardín.

 

Arbustos floridos




Colecciones de semillas del Real Jardín Botánico



Rosa de la Reina Victoria
Colección Blanca de Urquijo de rosales antiguos

Para ver la colección, click en el siguiente link:
https://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Colecci%C3%B3n_Blanca_Urquijo_de_rosales_antiguos





sábado, 19 de noviembre de 2016

LAS CASAS "A LA MALICIA" DE MADRID

Empezaremos por las viviendas de Madrid y concretamente por un tipo de ells, que proliferaron desde el S,XVI, debido a las necesidades creadas, al instalrse la Corte de Felipe II en la Ciudad
Me refiero a las "casas a la malicia"que  fueron el fruto de un delito inmobiliario en el Madrid de los siglos XVI al XVIII, provocado por los privilegios otorgados a los funcionarios de la Corte Real por la ley denominada «Regalía de aposento».
La «Regalía de aposento» obligaba a todo vecino de la villa de Madrid no exento, a "alojar a un funcionario del rey en la mitad de la superficie útil". La medida había sido provocada por la afluencia de familias al servicio de la Corte de Felipe II al instalarse la nueva capital española en 1561. La ley conllevaba el pago de un canon monetario de compleja recaudación
El origen de las “casas a la malicia” de Madrid está íntimamente relacionado con la picaresca del pueblo español, una “cualidad” que alcanzó su máximo apogeo durante los siglos XVI y XVII. Pero para comprender mejor cuales fueron los motivos que propiciaron la aparición de este tipo de viviendas, lo mejor es retroceder en el tiempo hasta los días en que Madrid aun no era la capital de España





"Casa a la Malicia" que se puede ver todavía en Noviciado



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Felipe II por Sofonisba Anguissola 1564  Museo del Prado Madrid

“El Rey Católico, juzgando incapaz la habitación de la ciudad de Toledo, ejecutando el deseo que tuvo el emperador su padre de poner su Corte en la Villa de Madrid, determinó poner en Madrid su real asiento y gobierno de su monarquía”. (Luis Cabrera de Córdoba, 1559-1623)



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Entrada de Felipe II en Madrid

Hasta mayo de 1561, la capital de la nación más poderosa del mundo era la ciudad Imperial de Toledo, pero el lunes 19 de mayo de 1561, Felipe II hizo llegar al Concejo de Madrid una Cédula Real en la que se le hacía saber del inminente traslado de la Corte desde la ciudad del Tajo a Madrid, donde debería hallarse instalada al mes siguiente, a tiempo para la celebración del Consejo Real que debería celebrarse en la nueva capital. El día 21 de mayo, el monarca partió de Toledo hacia Aranjuez para inspeccionar las obras del palacio y jardines que allí se estaban construyendo y desde el Real Sitio se dirigiría directamente a Madrid, que a partir de ese momento se convertiría en la capital del España






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Maqueta con una de las casas a la malicia

Tengamos en cuenta que Madrid en el siglo XVI no era una ciudad propiamente dicha como lo eran Toledo, Barcelona, Valladolid o Sevilla, era más bien un pueblo grande y amurallado, un “poblachón manchego”, como han escrito algunos, situado en un lugar relativamente privilegiado sobre un altozano, con un río de escaso caudal a sus pies, nuestro entrañable Manzanares.



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Juan Bautista de Toledo

Se elaboró un ambicioso plan urbanístico al frente del cual Felipe II, tras hacerle venir desde Italia, puso al arquitecto Juan Bautista de Toledo, que percibiría un salario de 220 ducados anuales. Sin duda otro dato que avala la teoría de la capital renacentista deseada por el monarca.
Pero el ambicioso plan pronto comenzó a encontrase con serias dificultades. Si el plan se hubiese llevado a cabo rápidamente, sin duda la transformación de la Villa de Madrid en una gran capital europea habría sido coherente y homogénea, pero toda clase de dificultades, urbanas, sociales y económicas, hicieron que los trabajos se llevaran a cabo con gran lentitud, y muchas de las reformas acabaron convertidas en “agua de borrajas



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Probable retrato de Juan Bautista de Toledo del Greco, que según otras opiniones es de su hijo Juan Manuel Theotocopuli.(Lo añado aqui, por si alguien tiene conocimiento de su identidad y lo puede aclarar, yo no lo he conseguido)




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Maqueta del Museo de la Ciudad

Ante esta grave situación, Felipe II se vio obligado a promulgar un edicto llamado “Regalía de aposento” mediante el cual, todas las casas de Madrid que tuviesen más de una planta, deberían ceder la planta superior mismas a aquellos que se considerase oportuno, habitualmente  al séquito o servicio real, muy exigido de alojamientos en una ciudad que acababa de ser escogida como capital del reino. 
Las "casas a la malicia", fueron un recurso arquitectónico de los constructores del siglo XVII a requerimiento de los propietarios de las nuevas casas, para engañar a las autoridades municipales. La picaresca inmobiliaria puesta en escena presentaba características exteriores que hacían suponer falsos interiores estrechos, incómodos y en definitiva no aptos para ser incluidos dentro del grupo de edificios que tenían que cumplir con la ley de Regalía de aposento, es decir: ceder la mitad de la casa a un funcionario de la Corte sin que tuviera que pagar alojamiento.


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La medida había sido provocada por la afluencia de familias al servicio de la Corte de Felipe II al instalarse la nueva capital española en 1561. La ley conllevaba el pago de un canon monetario de compleja recaudación, inconveniente que se intentó solucionar años mas tarde, con la llamada Visita General de 1749, medida cuya aplicación quedaba registrada en un azulejo con la clave Visita Casa / Manzana nº (x) (azulejos que pueden verse todavía visible en muchas fachadas de edificios del casco histórico de Madrid)



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Los primeros en eludir la imposición real de la Regalía de aposento fueron los propietarios de las clases adineradas dueños de inmuebles en el Madrid convertido en Corte




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Casa en la calle del Rollo

El Edicto Real establecía que el primer piso pertenecía al Rey, que podía disponer de él e incluso venderlo a quien decidiera. Eso sí, todo se hizo con el acuerdo del Consistorio, que lo aceptaba para que Felipe II no diera marcha atrás en su decisión de trasladar la capital a Madrid.



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Casa en la calle del Rollo

Las “casas a la malicia” estaban construidas de tal forma, que vistas desde el exterior parecía que sólo tenían una planta a base de distribuciones imposibles y caóticas del interior de las viviendas con sótanos que no pudiesen verse desde fuera, con lo que aun siendo una casa de dos plantas, parecía que solo lo fuera de una, y por tanto no debía acoger a los miembros de la corte, tejados muy inclinados donde se habilitaban buhardillas, medias alturas y patios

El madrileño de entonces, incómodo con aquella ley, y deseoso de esquivarla, ideó este truco de sacar con caos las ventanas de fachada. También se practicó el truco de añadir buhardillas disimuladas, como puede comprobar el paseante de hoy mismo en la calle de los  de los Mancebos, esquina Redondilla.





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Azulejo con la clave para identificar las casa, que aun quedan en Madrid


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Casa.Museo de Lope de Vega

Además, casas de dos pisos e incluso tres alturas se camuflaban destinando de forma aparente la planta baja a los establos para los animales, la primera a viviendas y la segunda a desván, aunque en realidad todas las estancias se utilizaran como vivienda.
(el mejor ejemplo es la Casa Museo de Lope de Vega en la calle Cervantes)



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Vista de una de las casa en la esquina de la calle del Agua con la de Tabernillas


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Casa en la Plaza del Alamillo

Hoy solo quedan algunos ejemplos de “casas a la malicia” en el Madrid de los Austrias y en los barrios de La Morería, Las Letras y Universidad, que os aseguro merece la pena intentar localizar mientras paseáis por las calles del viejo Madrid, rememorando un curioso capitulo de la picaresca española y madrileña que alcanzó su máximo apogeo durante los siglos XVI y XVII, durante la monarquía de la Casa de Austria.


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Casa en las calles San Andrés con San Vicente, por supuesto muy modificada con reformas


La imagen puede contener: cielo, casa y exterior

Suele proponerse como ejemplo superviviente de "casa a la malicia" el edificio, bastante reformado, que en el barrio de la Morería ocupa la esquina que forman la calle de Mancebos con la de Redondilla, cuya construcción original se ha datado entre 1565 y 1590.


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Casas en la Ribera de Curtidores, que pudieron ser a la malicia, muy reformadas tambien.



Fuentes y fotos: internet.